I. Nacimiento de los dioses

Al comienzo sólo existía Firmamento, un lugar donde, en el sinfín de la eternidad, danzaban la luz y la oscuridad. Un lugar imposible de entender a través de nuestras reglas físicas, un lugar que supera la más prolífera imaginación. Allí, no se sabe hace cuánto tiempo ni por qué razón, la luz y la oscuridad, poco a poco, tomaron forma. Mezclándose y dividiéndose al mismo tiempo dieron origen a los dos primeros dioses. Por un lado, desde la profunda oscuridad, emergía la dulce y delicada Diosa Luna, mientras su contraparte, el Dios Sol, surgía de la luz como un hombre, decidido y lleno de energía.

El solo contacto de estas deidades, en medio de la eterna y apasionada danza, desencadenó la luz y la oscuridad que los había formado. Firmamento, de un momento a otro, fue cubierto por ambas fuerzas, y de esas fuerzas desatadas nació un nuevo mundo, un mundo eterno. Y en compañía de ese mundo nacieron divinidades menores, poblando un Firmamento nuevo, un Firmamento diferente, gobernado con la fuerza y la suavidad de quienes serían llamados los Primogénitos.

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II. El enamorado

Firmamento vio tiempos ejemplares, incluso perfectos… Pero, como todas las cosas, la perfección es difícil de mantener en el tiempo. La belleza y dulzura de la Diosa Luna alcanzaron el corazón de uno de los dioses menores quien, incapaz de resistirse, cayó profundamente enamorado de ella. Y aunque la fidelidad de la Diosa Luna era inquebrantable, este dios juró que la tendría para sí, aunque tuviera que enfrentarse al poderoso Sol.

Así transcurrió el tiempo, con el insistente cortejo secreto de este dios enamorado, a pesar de las firmes negaciones de la Diosa Luna. Poco a poco, el joven dios transformaba estas intenciones en algo más directo, dejando que sus emociones tomasen control de su actuar, arriesgándose a ser descubierto por el Dios Sol.

III. Creación

Poco a poco la razón abandonaba a este joven dios, pues sus emociones, cada vez más descontroladas, transformaron un deseo tan noble como el amor en algo enfermizo y corrupto, algo que no lo dejó sobreponerse a la cada vez más firme negativa de la Diosa Luna. Y eso lo llevó, privado de juicio, a romper una de las reglas de Firmamento. Realizó una acción única, pero prohibida: creó vida, forjando un mundo prisionero en una joya de cautivante resplandor, confiando en que tan hermoso objeto le ganaría el amor de su bella adorada.

Tal regalo llegó a conmover el corazón de la Diosa Luna, pero no la hizo cambiar de idea. Más aún, este acto hizo ineludible la atención del Dios Sol, quien no sólo sintió la ofensa por el ya constante cortejo a su mujer, sino también la responsabilidad de cumplir con su deber: debía dar castigo a quien había quebrantado las reglas.

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IV. El escondite

El enamorado, cuyo nombre se desconoce pues en Firmamento también es prohibido que un dios revele su verdadero nombre, no recapacitó sobre lo que había hecho. En vez de eso, al ver que el interminable Firmamento no sería suficientemente grande para huir de la furia del Dios Sol, decidió esconderse donde menos sería buscado: en su propia creación, descendiendo a vivir junto a los seres nacidos en el interior de la joya.

Dentro de su obra, que él mismo bautizaría como Creación, la vida se desarrolló alrededor de su divinidad, pues sus poderes sobrepasaban claramente a cualquier ser humano nativo. Fue construida una sociedad que le permitiría esconderse del castigo del Dios Sol. Pero no duró mucho, pues al momento de abandonar su lugar en Firmamento, los retorcidos anhelos y sentimientos que ofuscaban su mente, ayudados por la adoración que recibía como Dios Creador, obtuvieron vida propia, separándose una parte de ellos de la esencia de quien los creó. Poco a poco, comenzaron a contaminar el nuevo mundo como una enfermedad que se esparció, primero, entre los más cercanos al Dios Creador. Esta entidad de emociones vivas, intangible y peligrosa, es lo que ahora conocemos como Locura, una suerte de energía que invade a los humanos, alejándolos de la razón y del juicio.

Mientras Creación continuaba por el rumbo de desarrollo y caída, en Firmamento, la joya era resguardada por la Diosa Luna. Guiada por sus nobles sentimientos, protegió las nuevas vidas habitantes de la gema, manteniéndolas lejos de la furia del Sol, quien ignoraba el paradero del dios fugitivo… Hasta que su escondite fue delatado por su propia e inconsciente creación. La gema perdía su brillo conforme Locura se expandía por el nuevo mundo, tomando control de las mentes humanas.

V. Las bendiciones de Luna y Sol

La constante pérdida de brillo y resplandor de la joya inquietó a los dioses primogénitos, mas con esto descubrieron el paradero del dios culpable de traición y desobediencia. El resguardo de la Diosa Luna impidió que el Dios Sol destruyera la joya, incluso impidió que él mismo descendiera a dar castigo personalmente al fugitivo, pues Locura era una amenaza demasiado impredecible, no podían siquiera imaginar lo que sucedería si una deidad era contaminada.

Cada dios eligió, entre los habitantes de Creación, a uno que destacara por sobre los demás: la Diosa, a una noble mujer que recibió los dones del arte místico de la Luna, con el deber de resguardar a Creación y luchar contra Locura, mientras el Dios eligió a un decidido joven que debería dar captura y castigo al dios menor. Desde entonces, sucedió también que el fugitivo comenzó a ser llamado de manera diferente. Comenzó a ser conocido como el Dios Loco.

En un principio, no muchos creyeron en estos elegidos, pero el gran poder que manejaban, siendo capaces de controlar las energías místicas a voluntad, atrajo a errantes, curiosos y viajeros. Así, pronto, ambos tuvieron seguidores, dispuestos y dedicados a ayudarlos en sus respectivos caminos, como les fuera posible.

Así fue como la guerra comenzó dentro de Creación, viendo enfrentarse a los elegidos y sus seguidores con los tocados por Locura. Por fortuna, el conflicto logró poner orden a la descarriada y corrupta energía. Mas, no fue posible encontrar al Dios Loco, quien nuevamente se había dado a la fuga.

VI. El Reino Único del Sol

La constante búsqueda del traidor y la lucha contra Locura se transformaban, cada vez más, en algo desgastador, pero sería el ya anciano elegido del Sol quien buscaría poner orden entre los habitantes de Creación. Creó así el Reino Único del Sol, con él y sus seguidores más devotos como gobernantes, trayendo con esto una era inigualable de orden y progreso a todos los lugares por donde se extendió su mandato.

Varias casas familiares se organizaron bajo el reinado, entregando ayuda y desarrollándose en diversas áreas, pues no todas poseían las mismas capacidades. Y nunca dejaron de estar alerta ante la amenaza que significaba Locura, pues aunque estuviera debilitada, seguía ahí, escondida entre las sombras.

VII. El Imperio del Sol

Con el pasar del tiempo en el próspero reino, generaciones nacieron y desaparecieron sin poder hallar al Dios Loco. Los rumores se expandían con velocidad, algunos lo daban por muerto, otros decían que ya no estaba en Creación, otros hablaban de un escondite inalcanzable y de lugares de los que nadie ha salido vivo. Lo que lograron tales palabras, en vez de ayudar en la búsqueda del dios fugitivo, fue traer la incertidumbre a quienes no compartían la fe de los soberanos. Diversas casas familiares se quejarían por las muchas vidas y recursos malgastados, creyendo que buscaban a alguien que ya se había ido. Tal fue la diferencia de opiniones, tal la amenaza de un conflicto mayor en el interior del reino, que el heredero del Sol, descendiente del elegido del Dios, se vio teniendo que tomar una difícil decisión: dividir al Reino Único en varios reinos, separados aunque unidos bajo un solo imperio, el nuevo Imperio del Sol. Esto daría mayor autonomía a las casas, pero las mantendría respondiendo ante el Imperio, evitando mayores divisiones y posibles conflictos. Así, las antiguas casas comenzaron a unirse, formando poderosos y variados reinos. Incluso el Imperio se incluyó entre los reinos que se formaban, apareciendo el nuevo Reino del Sol, para representar al Imperio.

La decisión del ahora Emperador logró calmar las voces de duda, pero no las de descontento. Trajo un atribulado ambiente político al Imperio, tanto así que incluso la efectividad de la división fue puesta en duda, estallando disputas y pequeñas guerras entre los jóvenes reinos.

Muchos protestaron también por la constante vigilancia del Reino del Sol, pues, a pesar de ser parte del Imperio, continuaron buscando controlar una Locura que ya se pensaba extinta… Pero la verdad era otra. Algunas voces ocultas comenzaban a oponerse a la misión divina, favoreciendo al que reconocían como el verdadero dios de Creación, buscando restablecerlo como Dios Creador, adorándolo a pesar de la amenaza constante de las afiladas espadas de los guardias imperiales.

Aún con el caos sembrado a lo largo y ancho del Imperio, el progreso de Creación continuó a buen paso, mas nunca alcanzó el nivel en que se había encontrado en el período del Reino Único del Sol. Ahora, los diferentes reinos estaban demasiado ocupados aprendiendo a gobernar y buscando formas de extender su hegemonía.

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VIII. Reinos en Armas

No fueron muchas las generaciones que debieron pasar para traer el conflicto nuevamente a este cada vez más desordenado mundo. El último emperador pereció sin dejar descendencia, sembrando la incertidumbre en los habitantes del Imperio. Ante la ausencia de un sucesor, diferentes voces se alzaron desde los reinos más grandes, reclamando su derecho a gobernar Creación.

La falta de respuesta y decisión por parte del consejo de ancianos del Imperio del Sol, ante la falta de heredero, sólo trajo consigo más desacuerdo entre los reinos. No dudaron en alzarse en armas, dispuestos a luchar por su derecho al trono. La confusión y la violencia se expandieron por el reino con una fuerza nunca antes vista, y que aún, hasta este momento, perdura.

De todos los reinos, cinco se levantaron a defender su derecho de ser soberanos, y así traer consigo la paz y un nuevo orden a Creación.

El Reino del Sol, nobles paladines que luchan por mantener el control sobre el Imperio que alguna vez les perteneció solamente a ellos.

El Reino de la Lechuza, hechiceras seguidoras de la Diosa Luna.

El Reino del Ciervo, diplomáticos formados y liderados por descendientes de la familia sanguínea del elegido del Sol.

El Reino del Lobo Blanco, bárbaros que piensan traer paz a Creación a través de su poderío y fuerza.

El Reino del León, estudiosos soldados dedicados a evitar que Creación se destruya a sí misma, viendo lo necesario de un nuevo orden en el Imperio.

Ahora, ¿Dónde prosigue la historia?

Este mundo a seguido avanzando gracias a la interacción y decisiones que los jugadores han realizado, si deseas saber que ha sucedido desde la era de Reinos de Armas en adelante pueden continuar con las diferentes sagas de relatos en su respectiva sección.

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