Pasado I

– Muy bien pequeña – le dijo Fy a una de sus jóvenes aprendices – es tiempo de ver tus habilidades adivinando el futuro. –

La pequeña poseía un cabello rubio que hacía un fuerte contraste con todo el ornamento violáceo que siempre adorna los salones de las Lechuzas.

– Maestra disculpe – dijo tímidamente la niña – la espera a ver si las visiones son correctas es muy larga, me gustaría hacer algo diferente… ¿Podría ver su pasado? –

Fy se mostró claramente sorprendida con la petición, aún cuando intenta disimularlo, no le agrada la idea de Aziza escarbando su pasado, ella no es más que una pequeña niña, pero no se le puede menospreciar, se ha ganado una gran reputación como vidente.

– Muy bien pequeña, sorpréndeme –

Las palabras de Fy marcaron su decisión de no darle importancia a lo que podría encontrar mientras observaba como los ojos de la dulce niña pasaban de un violeta profundo a un blanco total, brillante, al igual que sus manos.

– Veo un duro entrenamiento – comenzaba a relatar Aziza – la maestra Peri no es gentil en cuanto a hechizos se trata… y parece que en todo lo demás tampoco, pero veo algo más… ¡Un hijo! –

La sorpresa de Aziza la hizo salir de su trance, sólo para observar la entristecida mirada de una de sus múltiples maestras.

– Pero usted maestra no tiene ning… –

– Tuve uno – le interrumpió Fy a su aprendiz – tuve un hijo, así como tuve un gran amor. –

– Debe haber sido un gran hechicero – se apresuró a sacar conclusiones la joven.

– Para nada, él era un arquero, el más noble y amable que haya conocido, su sola mirada bastó para que nuestros destinos se enlazaran... –

– Pero… y su hijo… y el Ciervo ¿Qué sucedió? – rara vez se podía ver tal expresión de confusión en la niña prodigio.

– Fue hace más de 10 años, en los tiempos de quien fuese el padre del actual emperador – se aprestaba a relatar su historia la maestra Luna – Nadie supo de nuestra unión, ni Lechuzas ni Ciervos, o al menos eso creíamos, ambos estábamos prometidos a otras personas, pero huimos entre las profundas montañas… aún recuerdo la paciencia que tenía al enseñarme todo sobre el arco, aquello que denominaba, su segunda gran pasión, pues siempre me demostró que era lo más importante para él. –

Una lágrima recorría el bronceado rostro de la hechicera mayor, con cada suspiro se podía sentir como su corazón se rompía en pedazos, al parecer, una vez más.

– Maestra no se moleste, no es necesar…-

– Prefiero que lo sepas por mi antes que por tus visiones o de otras personas – fue interrumpida nuevamente la aprendiz – Vivimos felices un tiempo junto a nuestro hermoso bebé, pero los Ciervos no estaban contentos con esta unión, él estaba prometido a una noble del Sol, un matrimonio muy importante para sus planes políticos y en ese tiempo yo era una aprendiz no mucho más avanzada que tú – mientras prosigue narrando, los ojos de la mujer se vuelven vidriosos, llenos de nostalgia – un día fuimos emboscados por unos Ciervos, no tengo claro si nos descubrieron o fuimos delatados, pero él luchó como nunca y dio su vida por defendernos, no permitiría que nada nos sucediera, pero lamentablemente no fue así, él entregó su vida por nosotros y yo nada pude hacer, los Ciervos se llevaron a nuestro bebé… – término Fy, con un destello de impotencia en su voz. –

– Al fin y al cabo era mitad Ciervo – dijo fríamente la muchacha, sin darse cuenta de cómo sus palabras impactaron en su maestra, cuyas lágrimas se volvían más difíciles de ocultar, en especial cuando miraba atentamente a la pequeña.

– Pero no tenían derecho de arrebatármelo así – le replicó a su aprendiz, con una voz que denotaba la rabia creciente en su interior – más aún ocultármelo, sus hechiceros claramente no son muy poderosos, pero se las han sabido ingeniar para que ninguna de nuestras videntes puedan descubrir nada al respecto, sólo sé que está vivo, pero las Hermanas de la Luna no me permiten hacer nada al respecto. –

La pequeña sólo meditaba la situación, las Hermanas de la Luna lideran el Reino de la Lechuza, hechiceras de un vasto poder y conocimiento más allá del mismo tiempo, que siempre han protegido a la gente del reino, deben tener muy buenas razones para no permitirle a su actual maestra ahondar en el tema, después de todo el bebé también es medio Lechuza.

– Sé que algún día tendré que pertenecer a la hermandad – dijo Aziza, tomando de ambas manos a su mentora – Y yo te ayudaré a encontrarlo, lo juro. –

Fy soltó una de sus manos y acarició el rubio cabello de la pequeña, su mirada abandonó todo odio, consolada por el impulso de la joven, que desconocía como las Hermanas de la Luna realmente funcionaban, pero aún así no dejaba de sentir una luz de esperanza proveniente de la ingenuidad de la pequeña.

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