Pasado II

– Es tu turno de contar una historia – dijo el pequeño Thorlak, al menos pequeño en lo que a edad se refiere, pues como todo titán ya superaba en tamaño al adulto promedio de Creación.

– Jajaja, ¿Acaso a aquello lo denominas una historia? – dijo riendo el titán que le acompañaba, aún sentado se veía imponente con su larga cabellera rojiza y una musculatura que parece impenetrable incluso para la espada más afilada – Ahora dirás que es la historia de tu padre, el gran guardián del Norte. –

– Así es – respondió lleno de orgullo el pequeño – cada vez que las tormentas del invierno azotan obligándonos a buscar refugio en una caverna, es como un ritual. –

– Muy bien – le respondió el titán mientras desordenaba enérgicamente el cabello del niño con la palma de su mano – te contaré una historia, pero una de verdad, no de esas que inventa tu padre. – El gigante carraspeó intentando aclarar su ronca voz, pero sin cambio aparente se prestó a narrar.

– Fue hace muchos años atrás, los vientos eran fuertes, una tormenta se acercaba, una más violenta que la que nos tiene acá encerrados. Han hacía poco había dejado su apellido atrás, ganándose el apodo de “El Rojo” como alguna vez se lo ganó su padre, y así hacia atrás desde tiempos inmemoriales. Sus órdenes eran patrullar la frontera este, los Leones habían movilizado muchas tropas, más de lo que comúnmente hacían y eso se volvía sospechoso.-

– ¿Tú te encargaste de aquello? – preguntó interesado el pequeño.

– Si, yo marche hacia la frontera del sur mientras mi hermano hacía lo mismo hacia la que se encontraba más al norte, y mientras más me acercaba, más evidentes eran los rastros de ejércitos movilizándose.-

– Esos Leones tenían algo planeado y no temían ocultarlo – dijo Thorlak con rostro serio y deductivo. –

– Eso no era lo importante, pues a poco avanzar me topé con una mujer, sus ropas rojas no portaban armadura alguna, pero como debes aprender, un León nunca está desarmado. –

– ¿Acaso te atacó? –

– Sí y sin provocación alguna, la mujer rugió como un gato salvaje y se abalanzó hacia mí, al comienzo sus ataques parecían algo erráticos, pero no menos fieros, sólo cuando sus golpes comenzaron a tener instinto asesino me logre percatar de su verdadera intención, no me deseaba cerca de allí, algo ocultaba…-

– ¿La estúpida Leona creía que podía vencerte?… Se necesitarían diez leones para vencer a un titán… no, cincuenta leones – aseguró el pequeño colorín.

– Jajaja – la risa del gigante inundaba toda la caverna – Es sabido que los Leones, aunque fieros, no pueden compararse a la fuerza de un Lobo Blanco, pero nunca los menosprecies, menos a una leona que protege a sus cachorros. –

– ¿Cachorros? –

– Si, la mujer peleaba de tal manera pues su hija estaba allí, no sé con qué motivos, pero el destino nos reunió, no sé si vencerme era parte de su misión o buscaba algo más, pero al menos no deseaba ser derrotada frente a su pequeña hija, así que claramente luchaba con todas sus fuerzas y eso se notaba, pues a pesar de la furia de sus golpes siempre lograba buscar el punto más descuidado de mi guardia. –

– Bah… Leones – el tono despectivo del muchacho denotaba su falta de interés – Entonces la venciste y ¿qué sucedió? –

– Así es -respondió entre risas el gigante – aunque su espada era veloz y escurridiza, sus golpes llenos de furia, sólo bastó un golpe directo a su arma para que esta se partiera en dos, sin ser esto aparente impedimento para que la Leona prosiguiera con sus ataques, pero todo culminó con el siguiente movimiento de mi gran hacha que devolvió su vida a Creación, así pude acercarme a la pequeña cachorra que entre lágrimas, y aún temblando de miedo osaba apuntarme con su pequeña daga. –

– Jajaja dos Leonas por el precio de una. –

– No – la respuesta del titán fue tan severa que Thorlak detuvo sus muecas – y recuérdalo bien, porque por más que ante sus ojos seamos salvajes, no somos despiadados asesinos, un Lobo Blanco no debe matar a quien no sea una amenaza o que no pueda defenderse, nunca lo olvides. –

– Entonces… ¿Qué hiciste con ella? – preguntó tímidamente el pequeño

La cara del gigante se puso seria, las penumbras del lugar se incrementaron con la escasez del fuego, otorgándole una visión impactante al muchacho, quien sentía aquel miedo que sólo un titán puede generar, si no supiese bien que el gigante es un gran amigo de su padre no dudaría en correr y aventurarse en medio de la tormenta, porque aún así tendría más posibilidades de sobrevivir.

– De un manotazo la obligue a soltar su daga – continuó seriamente su relato el gigante – Para así poder levantarla, mirarla a los ojos y decirle: “Algún día serás fuerte, tu gente te entrenara y la venganza crecerá en tu interior, entonces debes saber que yo, Thorir, hijo de Sterki te estaré esperando para darte muerte”. –

Visítanos e infórmate en nuestras redes sociales

Top
Relatos de Creación