Pasado IV

– ¡Firmes! – fue la única orden que Dagna le dio a los pequeños aprendices, todos uniformados de rojo intentaban mantenerse serios, hasta que uno, siempre el más gracioso del grupo, logra revivir las carcajadas de sus amigos a espaldas de la instructora, aunque un simple gesto de ella, la abuela como todos los Leones ya le conocían, bastaba para traer el orden de vuelta.

– Es momento de la práctica de combate – dijo Dagna, ofreciéndoles a cada niño un pequeño papel – en esta hoja encontrarán el nombre de su contrincante. –

Las últimas 3 niñas de la fila miraban con curiosidad la hoja, incluso antes que la instructora les diera permiso de hacerlo.

-¿Quién les tocó? – preguntó en susurros la primera a sus dos amigas – yo tengo que enfrentar a Louis. –

– Él es hábil con las dos espadas, pero no te dejes engañar, pues se dice que también está recibiendo entrenamiento con el instructor Varick, tiene más trucos de los que una puede esperar. –

– ¿Y a ti? – le preguntó la rival de Louis- yo debo enfrentar a Penrod, él no pelea más que con sus puños, eso me da una ventaja, pero es claramente el más fuerte de la clase. –

– ¿Fuerte? – interrumpió la tercera niña – él no es fuerte, sólo le gusta llamar la atención, adora el público, pero él no es fuerte, quien pueda vencer a un titán podrá ser llamado fuerte… y claramente él está lejos de eso. –

-Tú y tu obsesión – le replicó la segunda – Siempre ciega en lo que a fuerza se refiere, sabemos lo de tu madre, pero no menosprecies a Penrod, dicen que tiene futuro en las legiones interminables, ¿Y a ti? ¿Te tocó alguien digno de tu gran habilidad? –

La tercera muchacha se tomó su tiempo antes de responder, intentando hacer a un lado el tono sarcástico de su amiga antes de revelarle la información.

– Adler. –

– Ese si es un verdadero bocazas – se apresuró a comentar la primera de las amigas – aunque es hábil dicen que habla más de lo que golpea, es desagradable, un bravucón nada más. –

– Pero le va bastante bien en las clases de estrategia con la abuela – agregó la segunda niña.

– No importa cuánto hable, ni cuanto planee – dijo llena de seguridad la última de las amigas – él no es fuerte tampoco, no tiene posibilidad contra mí. –

Un gesto de silencio de la instructora hizo callar los susurros de toda la fila, y con su lanza de práctica señaló a la muchacha al final de la fila.

– ¿Quién es tu oponente? – preguntó la abuela.

– Adler… Adler Baldwin – respondió llena de seguridad la niña.

– Muy bien, ambos al centro entonces… frente a frente. –

Adler avanzó, corrió de su rostro parte de su descuidado y mal cortado cabello, mientras con la otra mano lleva su espada de madera sobre uno de sus hombros deteniéndose a observar como su contrincante camina seriamente frente a él desenvainando ambas espadas para tomar una particular posición de combate.

– Veo que Karla te está enseñando trucos nuevos – dijo el joven de manera despectiva, sin nunca mostrarse realmente dispuesto a combatir.

– Maestra Karla, ten más respeto – le respondió con furia la muchacha.

– Nahhhh… no importa cuánto practiques, nunca vencerás a un titán tu sola. –

La niña intentaba hacer caso omiso a las palabras del muchacho mientras se desplazaba hacia uno de sus flancos, lentamente sin quitarle los ojos de encima.

– ¿No atacarás? si yo fuera el gran Thorir, al que tanto le temes, ya te habría cortado en dos con una gran hacha del norte – se reía entre palabras Adler, mientras giraba para mantenerse frente a su contrincante, pero sin nunca sacar la espada de su hombro. – ¿o no fue así como tu mamita murió?

– No le temo – aseguró con firmeza la combatiente – algún día su cabe…

Sin dejarla terminar su frase Adler se le abalanza encima, golpeándola en el rostro con el mango de su espada de madera, en un movimiento corto, de gran velocidad, buscando luego con otro más largo asestar con la parte que corresponde al filo de la espada, dejando poco tiempo para que la muchacha reaccione, bloqueando así el segundo golpe justo antes que le impactara. Al ver su segundo ataque fallido Adler intenta retroceder para poder ganar algo de espacio y así volver a tomar la situación bajo su control, su movimiento es rápido, manteniendo la vista sobre las amenazantes espadas gemelas de la mujer.

– ¡Ven aquí o el gran Thorir golp… Arrghhhh!

El muchacho no tuvo tanto tiempo como deseaba, pues se preocupó tanto de vigilar las armas de su oponente que no se percató del acercamiento fugaz de ella y del golpe que esta le propinó con la frente, rompiéndole la nariz para luego asestar dos golpes casi simultáneos con sus espadas, uno en las costillas y otro en una de las piernas del guerrero que perdía el equilibrio cayendo estrepitosamente al suelo.

– Muy bien, muy bien… peleare en serio si es lo que quieres. –

– ¡Cállate! – fue el grito que lanzó la muchacha mientras saltaba intentando dar el último golpe a su oponente que venía recién incorporándose, ella sabía bien lo que hacía, aún cuando él bloquee el doble ataque a ambos lados de su abdomen, ella tendría la posibilidad de golpearlo con el peso de su cuerpo, y así, con su pierna lastimada él caería una vez más al suelo, dejándolo listo para el golpe final, obteniendo el golpe de la victoria si no fuese porque Adler también vio esa brecha en el movimiento de la mujer y cargó hacia el frente adelantándose, quedando ambos frenados en el centro del campo de batalla.

– Ahora eres mía – dijo el muchacho, que tarde logró darse cuenta que su oponente había dejado caer ambas espadas, lanzando una ráfaga de golpes con sus puños, su hígado, oído y estómago fueron alcanzados casi al unísono por la Leona, que en cuestión de segundos observaba de pie a un Adler que yacía tendido en el piso desorientado, sin poder respirar y doblado por el dolor.

– Bueno… ¡ya está!… ¡Alto! – dijo Dagna poniendo una pronta conclusión a la pelea antes que pasara a desenlaces irremediables – ¡La ganadora es Anna Barend!… ahora el siguiente que pase al centro y nos diga quién es su oponente. –

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