Pasado V

Como cada tarde los dos amigos se encontraban en los campos de tiro de los Benoit, donde por generaciones los más grandes espadachines han sido entrenados, ambos corrían uno tras el otro acertando cada tiro de sus arcos, el desafío que se planteaban mutuamente no consistía en no fallar sus tiros, eso parecía demasiado básico para ellos, la competencia consistía en adivinar donde el otro lanzaba su flecha y simplemente adelantársele, así pasaban largas horas hasta terminar sus entrenamientos, ambos con el anhelo de transformarse en grandes arqueros, al igual que su maestro.

– Cada vez eres más veloz – dijo el joven de melena rubia – aunque consiga divisar donde apuntas, no alcanzo a reaccionar, creo que si seguimos así me costará alcanzarte –

– No lo creo – le respondió el otro, poseedor de una corta y desordenada melena castaño oscuro – tu técnica de tiro múltiple va mejorando, por más veloz que pueda ser, no podría alcanzar dos flechas al mismo tiempo –

El primero respondió con una risa, llevando ambas manos empuñadas a ambos lados de su cadera mientras proyectaba su pecho hacia el frente – Algún día todos conocerán el nombre de Florian Benoit, Florian el Preciso –

La carcajada de su amigo fue tan explosiva que era imposible de aguantar, casi ahogándose con el trago de agua que daba justo en ese momento.

– Creo que se te adelantaron – le dijo aún entre risas – al menos como 20 años –

– Seré Florian, el más preciso aún o el doblemente preciso… no sé, ya se me ocurrirá algo – respondió frunciendo el ceño y llevando su puño derecho al pecho, simbolizando su decisión tomada – y tu deberás ir pensando en tu apodo de héroe, o tendré que inventarte uno yo, –

– No gracias, dudo que pueda llegar a ser un héroe – dijo con un sombrío tono de voz – los nobles no lo permitirán –

– ¿Por qué? – preguntó extrañado Florian, sin darse cuenta del cambio de tono de su amigo – ¿Acaso descubrirán que tienes un oscuro pacto con la oscura oscuridad de Locura y por eso tus flechas son inalcanzables? jajaja, recuerda que lo dice el maestro Johann… –

Ambos recitaron al unísono un pasaje de las enseñanza de quien consideran su modelo a seguir, la inspiración de todo arquero, inclusive de aquellos ajenos al Reino del Ciervo.

– Nuestra vida es nuestra flecha, debemos ser precisos y nunca fallar, pues entre una flecha y la siguiente se encuentra la muerte. –

Florian recién se percataba del ánimo de su amigo, pues siempre repetían esa frase a viva voz, ya que era el lema de sus vidas, pero su compañero claramente no sentía el ánimo de días anteriores, así que sólo se sentó en frente, lo miró y le hizo un gesto innegable para que se explicase.

– No soy Ciervo – dijo abruptamente el joven, que al observar la sorpresa en el rostro de Florian procedió a corregirse – no por completo, o eso creo… –

– Eres un Dupont, los más grandes hechiceros Ciervos, tus hechizos lo corroboran, no me vengas con tonterías sentimentales ahora. –

– No es eso – buscaba corregir a Florian ahora – mis tíos me contaron la verdad, los escuche de casualidad y no les quedó más alternativa, ellos no son mi familia, uno de los grandes nobles me entregó en su custodia, dicen que al parecer mi madre era una Lechuza, de allí mis aptitudes con las artes místicas, no soy un Dupont, menos podré ser un Ciervo de respeto como los grandes, como el maestro Johann. Mis tíos no saben nada más, al menos eso me dijeron, ninguna pista sobre quienes realmente son mis padres… no me malentiendas, los amo, han estado siempre allí para cuidarme y apoyarme, pero con esto todo queda claro, tanto mi hechicería y esos extraños sueños de la flecha violeta… ¿te acuerdas?-

– ¿Y eso importa acaso? ¿No te estará asustando un sueño ahora? – le dijo el rubio espadachín mientras se ponía de pie – nuestro sueño va mucho más allá o ¿Acaso alguien se acuerda del apellido del Maestro, o de los grandes héroes de los reinos? Tanto Garnet como Bergen están por sobre las familias, por sobre los reinos y así también estaremos nosotros. –

– No creo que sea tan sencillo – replicó el aún acongojado hechicero.

– Créeme, seremos conocidos como Florian el más preciso de todos y su amigo, Jean…emmm… ¡el lechuzo veloz! –

Sin más ambos fueron invadidos por las carcajadas que rompían con el lamento, y se prepararon para ir a practicar una vez más.

– Así que lechuzo veloz, mejor prepárate porque esta vez no ganarás – dijo un reanimado Jean Dupont, mientras alistaba su arco y su flecha.

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