Un Poco de Historia IV

Las campanas replicaron como cada tarde, marcando la hora en la cual se acostumbraba a cenar. Un contingente de paladines estaba rodeando a Burke, al igual que curiosos civiles, es conocido que cuando los ánimos de las tropas comienzan a decaer, el cuentacuentos comienza a narrar para no solo entretener, sino que además ilustrar a los curiosos las hazañas de los héroes de antaño, y la gloria que trajeron al Reino Único del Sol.

—Entonces preparó lo que sería su hechizo más poderoso, inspirado por el Justo Sol, las nubes en el cielo anunciaban lo peor… una tormenta se acercaba.

Entre las cabezas de los oyentes, detrás de sus ojos de admiración por lo que se narraba, el paladín pudo observar que Madelaine que se encontraba con un acompañante, ambos se dirigían a la taberna de la calle principal. Trató de dar un paso al lugar de la reunión, pero la gente exigía que terminara su historia.

«Los infectados de Locura recibían la ira del Justo Sol» continuó, viendo como el hombre junto a la joven Bonham le entregaba un ramo de hermosas flores amarillas, «relámpagos y… ceniza», trataba de narrar, pero su atención se encontraba en el beso que el joven le daba a Madelaine en su mano, para que luego ella ingresara a la taberna de la calle principal; «fuego, y ceniza y…  rocas»; aun con todo, la gente parecía seguirle, siendo sus palabras distantes, erráticas, «del cielo cayeron rocas y fuego, para apagar el rojo sangre de sus víctimas». Rápidamente al terminar esta frase dijo «Gracias por su atención», dejando atónito al público.

Al salir de la barahúnda, Burke se dirigió sin mirar atrás a los desconcertados oyentes, necesitaba encontrarse con Madelaine, necesitaba tranquilizar su imaginativa mente.

Pero antes de ingresar a la taberna, se detuvo en seco, vacilante, se apreciaba la intanquilidad en cada uno de sus pocos certeros movimientos, hasta que decidió entrar.

El paladín vio que Mady estaba dispuesta en una mesa, el tabernero trajo un frasco con agua para depositar las flores. Él solo podía caminar, despacio, al lugar donde la dama Bonham se hallaba.

Los movimientos del paladín eran contemplados por los comensales, unas bolsas amoratadas bajo sus ojos eran el reflejo de noche de trabajos y bebidas, tras un bostezo inevitable, Madelaine volteó, pudo apreciar la deplorable imagen del joven Erbey, a lo que, en seguida, se dirigió a la barra de la cual trajo una taza de café.

—Veo que estas reuniones nocturnas lo tienen algo cansado —dijo Mady, preocupada, invitándolo a tomar asiento—. Sería mejor que se retirara a donde esté alojando.

—No sabía que tenías un pretendiente —empezó Burke bebiendo el café—, me disculpo por citarte acá.

—Burke, el hombre que me acompañaba no es otro que un nuevo diplomático, creo que estar acá les da valor para coquetear —una sonrisa de gracia acompañó toda la frase de la señorita—. ¿Será que el afamado cuentacuentos está celoso?

—¿Celoso, yo? Solo no quería tener problemas con la familia Imperial en mi estancia acá —sus inquietas manos jugaban con el regalo florido que el diplomático le entregó a Madelaine.

—Veo que al menos recuperó algo de ánimo, eso es bueno estaba esperándolo para hablar de la Isla del Oeste, si no es mucha la molestia.

—Acabo de terminar una gran historia que involucraba a los seres del Bosque del Este, y ahora debo hablar del otro lado del mundo —dio un nuevo sorbo al café—. ¿Te has fijado que ustedes, los Bonham, se parecen a los devotos de Locura?

Una mirada desconcertada de Madelaine le advirtió a Burke que su comentario no tuvo un buen recibimiento por parte de la chica.

—Me refiero a… a que ambos aparecen después de que las grandes familias conformaran los reinos —trató de explicarse Burke.

—Eso es verdad, se puede decir que somos una familia bastante nueva —añadió Madelaine.

—La familia Imperial, los más cercanos al actual concilio ¿no es así?

—En realidad, los primeros Bonham se conformaron de los llamados del Imperio para reclutar a las élites de los reinos, como las peleas familiares estaban a la orden del día, se decidió bautizarlos a todos con un nuevo apellido. Claro, en la lengua Imperial.

—Bonham… —replicó perdido en su café el joven Erbey.

—El Bautizo Bonham es una tradición a la que accede de inmediato la descendencia de los llamados, claro, hay ocasiones especiales, cuando la persona llamada tiene un prontuario único, ahí puede acceder también a la instancia, dejando atrás a su reino y abrazando lo que ser uno más de la familia Imperial significa, mantener el legado de Kendrik, el Primero —Madelaine estaba orgullosa de su linaje.

—¿Y tú, Mady, eres una Bonham de nacimiento o…?

—Lo lamento, Burke, eso no se pregunta. Un Bonham es un Bonham, nada más.

—Los más poderosos hombres en Creación. Pocos y con gran autoridad… sin duda son como los devotos de Locura.

—Burke, baja la voz, por comentarios menores he visto gente caer ante la severa justicia de nuestra corte, le pediría fuera más respetuoso con mi familia, y conmigo —el tono de su voz era de clara molestia, mas trató de bajarle el perfil a lo recién ocurrido y saciar su interés en el tema—. Pero solo por esa sonrisa tuya, dejaré que me cuentes en compensación por el agravio lo que sepas de esos devotos de Locura ¿Has visto uno?

—No, no se han visto sombras de Locura desde la Segunda Guerra. Verá —con un rápido gesto al tabernero pidió llenar su taza—, los inquisidores e historiadores han reconocido dos puntos de apariciones: la primera con el Elegido, en la fundación del Reino Único del Sol y la segunda…

—En los tiempos del último Emperador, el último brote de Locura registrado —completó Madelaine, ajustando sus lentes al terminar.

—Así es, incluso hasta hace muy poco se creía que Locura estaba simplemente extinto. Aunque los devotos avistados han sido escasos para declarar una Tercera Guerra, pero la Inquisición le ha nombrado «Guerra contra las sombras» —Burke dijo el nombre con el gesto de comillas, en tono irónico—. Siempre han tratado de mostrar que son más de lo que realmente hacen.

—¿Es verdad que se han vuelto criaturas invencibles? ¿Qué sus bocas despiden veneno y que su piel es de un metal tan antiguo como nuestro mundo?

—No, Mady, realmente los relatos de los pocos inquisidores que conozco dicen bastante menos que eso. Es cierto que algunos se van deformando con el tiempo, el primer paso son los ojos rojos, unos ojos que distan mucho a los de nosotros usando el arte místico del Justo Sol, muy diferente, no es fuego, no, es sangre, sangre que se apodera de pupila, iris y cornea.

—¡Qué espanto! —reaccionó Madelaine cubriendo su rostro.

—Una vez el maestro Arthur, a quien llaman el Perfecto, nos contó que están estudiando la capacidad de los devotos a través de estos ojos de ver en la oscuridad, aunque claro, no se ha comprobado, pero hay historias que nos dejan en claro que esto es así.

—¡Vaya! Si ese es el primer paso, ¿Qué tanto más se pueden deformar? —un sorbo al café de Madelaine hizo que a la joven se le empeñasen los lentes.

—Se sabe que las manos de los devotos toman un aspecto carnoso, que afila sus uñas al grado de crear garras —Burke puso su mano en forma de garra, primero para representar la transformación, pero al ver su mano, lanzó una mirada traviesa, jugueteando un poco amenazando a Madelaine con su mano, para terminar, acarició la mejilla de la joven Bonham.

La muchacha se sonrojó, soltando una sonrisa imposible de ocular, «Creo que tengo una debilidad hacia ti que no me permite dañarte» respondió Burke con una sonrisa coqueta.

Madelaine tomó la mano del paladín sin percatarse, luego de acomodar su cabello por el juego, y en un afán por volver al tema de conversación preguntó «Entonces, ‹señor de la garra› ¿Entre más deforme, más poderoso el devoto?»

—Eso es un mito que ya se ha comprobado no es así, lo que tiene de cierto es que la deformación es progresiva, y depende de la aceptación a Locura. Pudiendo ser revertido en primera instancia, pero claro, nada corroborado.

—¿Aceptación del dios Loco? —Madelaine estaba realmente involucrada en la conversación.

—No, a Locura —Burke toma un sorbo de su café antes de continuar—. Actualmente se les ve como iguales, pero no es así. Locura es una enfermedad, una peste, una entidad ancestral, tan antigua como Creación. Una manifestación del estado mental del dios Loco al momento de crear la Gema Esmeralda.

 —Eso quiere decir que…

—Exacto, Mady, es injusto que paguemos nosotros por un pecado que pertenece al dios Loco y su débil voluntad. El Justo Sol nos enseña a ser firmes, combatir por lo que es esencialmente bueno. Ellos carecen de esa justicia, y por eso es que debemos detenerles.

—¿Las deformaciones no son ya excusa suficiente para entender que Locura destruye lo creado por el mismo dios Loco?

—Eso es algo más delicado, y los sacerdotes me encerrarían por decirte esto, pero… Se dice que el estado de deformación corresponde a una etapa primigenia antes de llegar a ser como somos ahora, en un avance ciertamente, gracias al orden del Justo Sol.

Más allá de eso sería mentirte, no hay mucha información siendo honesto.

—¿Por qué? ¿No ha habido sobrevivientes de los Bosques? —dijo Madelaine algo molesta por la negativa del paladín.

—La información con la que estudia el cuerpo de inquisidores, y en realidad todo defensor del gran Reino del Sol, proviene de la Segunda Guerra contra Locura, y la fuente principal es Bergen, el Sabio, el único participante directo de aquella guerra que permanece con vida hasta hoy.

Bueno, está también el maestro Arthur, el Perfecto, pero él es más celoso con esa información, es su arma secreta contra los devotos después de todo. Es más, tanto los conoce que se sabe ha castigado con fuego a estas criaturas, cosa extraña, hace falta seguir la senda de un sacerdote para tal manifestación de la voluntad del Justo Sol.

Luego de eso, los devotos de Locura han sido cautos, la inquisición poco y nada de información ha podido recuperar por la nula presencia de esos seres.

—Burke, yo… quiero pedirle un favor —el rostro de Madelaine dejó de mirar a Burke— verá… ¿Podría… podría acompañarme a mi hogar?

El paladín despertó de golpe. Ni el café fue tan efectivo como las repentinas palabras de Mady.

—No piense mal… es solo que… la noche está oscura y con la conversación yo…

—Tranquila, Mady, yo te escoltaré. Te lo dije, estoy aquí para protegerte, sea de un bravucón o de las huestes de Locura.

Burke se levantó de la mesa, extendió su mano a la joven, ella correspondió el gesto. Dejaron el dinero de la cuenta y se aproximaron a salir. Madelaine se aferró al brazo del paladín, «Gracias por protegerme» dijo la joven Bonham, «de camino a casa ¿Podrías hablarme de la Isla? Por favor».

Una sonrisa salió de los labios de Burke, entre los adoquines de la calle principal el paladín empezó: «Verás, esa Isla es un lugar único… como podría serlo la Ciudad Mercante…».

por: BeConfundidos?

Visítanos e infórmate en nuestras redes sociales

Top
Relatos de Creación