Reinos en Armas -Epílogo-

Bienaventurado quien lee mis palabras, pues digno es de conocer el futuro.

Este mundo, heredado por los hombres y mujeres, forjadores de sus destinos, no puede simplemente obviar la voluntad de los dioses, férreos jugadores de nuestras vidas en una partida de sangre, acero, palabras y tinta. La guerra toma rostro de persona, y con su espada abismal llena de oscuridad la historia, pues oscura es también el color con el cual escribo yo los pasajes que he vivido, los lamentos que he pasado.

Desde las copas de los cerezos, desde la cima de las colinas, entre el frío tempestuoso, bajo la tormenta más grandiosa, en el árido desierto, en los prados más calmos, ahí estoy, viendo la tenacidad de los hombres luchando contra el designio de los dioses, y de su dialéctica, nacer la historia de todos nosotros.

Pero desconocida es la voluntad del dios Sol, quien ha buscado entre el reino que menos cree en él un heraldo de su mensaje. Así como Luna, protectora fervorosa de nuestra existencia, puso sus ojos en la inocencia, en la pureza del alma.

Los puntos, estrellas de Firmamento, han entregado ya su aviso, y yo, fiel servidor de su voluntad, he de hacerlo perpetuo en nuestro mundo, en las hojas de mi cuaderno, ya a punto de terminar, escrito estará su mandato, ley de dioses, presagio de los hombres en su avance a Destino.

Desde este árbol puedo observarlo todo, lo llaman el ‹Ojo de Firmamento›, pues permirte contemplar grosso modo desde donde el mar se une al cielo hasta la espesura eterna del Bosque del Este; así como desde la cordillera congelada a los montes impenetrables del sur. Es desde aquí que puedo ver a dos contingentes a punto de encontrarse ¿Quién será esa hermosa dama que se avecina desde el oriente? Su comitiva de oscuros tonos recorre el bosque hasta la frontera con el escarlata reino. ¿Será que las decisiones nuevamente castigarán con su peso en la pobre historia de un alma desdichada?

A él lo conozco, así es, Liam Barend, guerrero del reino del León, cabalgando hacia la misma dirección de la dama de hermoso aspecto. ¿Será que están destinados a encontrarse? ¡Oh! Dioses del Nuevo Firmamento ¿Es que la paz es una dádiva que no pensáis darnos a nosotros? ¿Os regocijáis con nuestros encuentros inesperados?

Los reinos se han alzado en armas desde la muerte del último gran Emperador, sus espadas han arrebatado la vida de sus coterráneos solo por la ambición de poder, por el anhelo de un trono vacío ¡Oh! Hombres y mujeres de Creación ¿Entendéis el fin de nuestro relato? ¿Cuántos han caído? ¿Cuántos más caerán?

El dios Oculto ha tomado también la voluntad de unos cuantos, sus aceros fueron combatidos, mas aquellos que defendían los blasones de colores hoy portan máscaras en señal de devoción al fugitivo dios, hoy usan nombres penitentes en el Bosque de la Noche Eterna.

He visto jóvenes volverse leyendas, nuevos héroes se han alzado, nuevos generales han sido llamados. Quienes ayer fueron niños, hoy son gloriosos líderes. Esa es nuestra esperanza, ese es el mensaje. Siempre tendremos una nueva oportunidad de redimirnos, de corregir nuestro camino, y ser esa hermandad de antaño que trajo una era de esplendor para su gente.

Al cerrar este tomo, espero, como señal de buen augurio, que este ciclo de traiciones y desesperanza sea la transición a un nuevo tiempo, que cesen los reinos en armas, y encontremos nuestra fortaleza interior.

 —El Profeta—

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