Ruinas del Pasado – Parte 2

El cansancio, el dolor de todo el cuerpo, y el orgullo herido eran lo único que sentía el guerrero. La jornada, hasta ahora, había estado llena de sorpresas. Mientras el cielo se oscurecía, y el sol era cada vez menos visible, los dos viajeros decidieron detener su marcha. “Esas ruinas, y la mujer en ellas… ni en mis sueños más extraños pensé que algo así fuera posible” pensaba Conrad East mientras encendía una fogata. Y tan ensimismado como estaba, su asombro no terminaba ahí. Lo llenaba una sensación de paz, que parecía emanar de la desconocida. “¿Será alguna clase de hechicería?” se cuestionó. “Si de eso se trata, es algo completamente diferente a lo que he visto en entrenamientos y batallas”.

—Te noto pensativo —interrumpió ella su concentración—. Algo te perturba, algo relacionado conmigo —dijo, como si hubiera leído su mente.

El guerrero buscó las palabras adecuadas por un momento, pero le fue imposible encontrarlas.

—Tu presencia… —comenzó—… se siente extraña, no sé cómo explicarlo. ¿Estás usando algún hechizo sobre mí?

—En estas circunstancias —comenzó ella, luego de darle una larga mirada a su interlocutor—, no es necesario. Esa sensación sólo significa que las cosas son como deben ser. Ambos estamos en el lugar correcto, en el momento más oportuno.

—¿Podrías ser un poco más clara?

—Paciencia. Te acompañaré a donde quieres llevarme, pero no tenemos prisa. Disfruta el camino, la ciudad no se moverá a ningún otro sitio. Ahora, agradecería que me contases un poco más de este Arthur que te da tanto miedo.

—Perdón señorita, pero no es miedo. Sólo es el más profundo de los respetos. Él es un ejemplo a seguir.

—Me disculpo. Cuéntame un poco más de esta persona —dijo, acompañando sus palabras con un gesto de disculpas.

—Él es nuestro mejor guerrero, un modelo de virtud, y como líder de la Justa Inquisición, es además quien mantiene a nuestro Reino libre de la mancha de Locura. Es capaz de distinguir, en los corazones de las personas, quienes están manchados, y nunca se equivoca. Es estricto con todos nosotros, por nuestro bien. Y en los casos más difíciles, él mismo se hace cargo de separar los frutos podridos para que no afecten a los demás.

—¿Frutos podridos? ¿Te refieres a aquellos que llevan el toque de la Locura en sus corazones?

—Por supuesto, ¿a quiénes más podría referirme?

—Quería confirmarlo antes de decir algo. Ha pasado mucho tiempo, no tengo la certeza de qué cosas se han trasmitido y de qué forma. ¿Eres consciente de que el Dios caído es el creador del mundo y de todo lo que en el existe, incluyéndonos? Por su desobediencia es que Creación existe.

—¿Te refieres al Dios Loco? El creó el mundo y luego lo entregó a la Locura. Quien engendra y abandona no tiene derecho a reclamar paternidad sobre sus hijos, aquel que cría y se preocupa por ellos es quien merece ese título. Fue el Justo Sol quien nos amparó en las horas más oscuras y, a través de Kendrik, erradicó la Locura de este mundo.

—Si bien en tus palabras no hay mentira alguna, sí tienen mucha imprecisión. En los primeros días, el Dios caído no actuaba de esa forma. Con el paso del tiempo, su propio poder lo fue embriagando, y así su mente dejó de fluir. Se volvió impaciente y comenzó a forzar las cosas. La Locura en su interior se apoderó de él, distorsionando su visión de la realidad, lo que terminó por afectar a todas sus creaciones. Antes de que me interrumpas para decir que sólo son cuentos y mentiras, yo estuve ahí, y lo presencié —por un instante, guardó silencio—. Puedes elegir no creer lo que te cuento, pero concordamos en nuestro origen. Precisamente por eso debe ser claro para ti, aceptando ese hecho, que toda descendencia de sus creaciones, en el interior, arrastra esa “mancha”. Nada está libre, y este mundo, tal vez, está condenado.

—Los inquisidores pueden distinguir a los que aceptaron la Locura en su corazón, los que terminarán convirtiéndose en Devotos. No todo el mundo puede hacer eso.

—Si me explicas más detalladamente cómo Arthur identifica a los “manchados”, me haré una mejor idea de qué es lo que hace.

—Cuando el señor Arthur mira en el corazón de las personas, puede distinguir la Locura en su interior, e incluso hacer que se manifieste, para que todos los demás lo vean y tengan la certeza. No es una cuestión de fe ciega, los ojos rojos característicos de los Devotos de Locura se hacen evidentes. El poder del Justo Sol le permite ver la Locura y hacerla visible para todos los demás. Cuando lo hace, en sus ojos se ve un brillo similar al de los sacerdotes cuando realizan sus hechizos. Es la voluntad del Justo Sol mostrándonos a los manchados.

—Eso sólo significa que los aprendices de Kendrik, con los siglos, se han apartado un poco del camino de la virtud. Quemar a aquellos más apartados de su camino... esos son los métodos de Hallselt. La fe ciega y la ira se alejan del camino de la virtud. Kendrik lo entendía.

—Hablas como si los inquisidores fueran los malos aquí. Ellos nos protegen de los Devotos, el verdadero enemigo.

—No malinterpretes mis palabras. Lo que digo es que la violencia no está bien, sólo conlleva aflicción. Las batallas las ganan aquellos que las evitan.

—Entonces, ¿qué dices? ¿Que debemos quedarnos quietos mientras los devotos asesinan a nuestros seres queridos y destruyen nuestras ciudades?

—Un guerrero sabio nunca se enfurece. Si sabe vencer al enemigo, no ataca. Cuando ha vencido, se detiene. No se permite ejercer violencia sobre el derrotado, y cuando ha obtenido la victoria, no se enaltece. Un guerrero sabio vence, pero no se siente orgulloso al respecto. No disfruta hacer la guerra, vence sólo porque le fuerzan a pelear… Y aunque obtenga victorias, no es belicoso.

—Eso suena muy bien, es muy fácil decirlo, sobre todo cuando no se tiene nada ni nadie que te importe en el mundo.

—Necesitas entender que no deberías medirme según tus pasiones. Mi búsqueda es de comprensión. Mi camino es el camino de la virtud. Ayudo a quien lo necesite. Eso incluye a los que llamas Devotos. Tienen más cosas en común contigo de lo que te imaginas.

—No puedes compararme con ellos —se apresuró a responder Conrad—. Ellos fueron débiles y cobardes, se entregaron al enemigo, y ahora se enfrentan a sus camaradas y seres amados. ¿Cómo puedes compararme con ellos? Hace poco dijiste que mi corazón está en el lugar correcto, y ahora me dices que no soy muy diferente de un Devoto.

—No eres un Devoto, como tú los llamas. Tampoco caminas por la senda de la virtud. Si piensas en forma binaria, no podrás entender las cosas… Pero si quieres entenderlo en tus términos, puedo decirte que, al igual que un Devoto, tus ojos se pondrían rojos ante la prueba de un inquisidor.

—¿Cómo puedes decir eso con tanta seguridad? —dijo el guerrero, alzando la voz, su paciencia disminuyendo—. Hace cinco minutos no sabías de los inquisidores, ¿y ahora estás segura de que yo no pasaría su prueba? Esto es ridículo, no sé por qué pensé que podría creerte.

A pesar de lo molesto que sonaba Conrad, Kendra lo miró con calma. Su expresión demostraba que lo comprendía perfectamente. De alguna forma, su presencia se expandió, se hizo más notoria que antes, y su calma se transmitió al guerrero.

—Es tu miedo el que habla, es sólo un mecanismo de defensa. Quien vive con miedo no puede llegar a ser fuerte. El poder de la consciencia puede ser obtenido, siempre y cuando vivas sin miedo. Toma tu espada y mira tus ojos reflejados. Tengo que concentrarme, y requerirá de mucha esfuerzo, pero es muy importante. No te asustes, por favor —al terminar su última palabra, Kendra cerró sus ojos, concentrándose profundamente.

Conrad desenvainó su arma y, alzando la hoja en frente de sí, observó el reflejo de su rostro. y se concentra profundamente, Conrad alza la espada a la altura de su cara y lo que observa lo sobresalta tanto que la suelta

—¡Por el Justo Sol! —exclamó espantado, soltando su espada de inmediato—. ¡¿Qué clase de hechicería es esta?! ¡Tú no eres un inquisidor! ¡Entrar en contacto contigo me ha manchado!... ¿Qué va a ser ahora de mi madre?... ¿Cómo pude permitir que tus palabras me confundieran?...

—Por favor —habló nuevamente la mujer, tan calmada como antes, mientras volvía a abrir sus ojos—, recoge tu espada y mira otra vez.

—… —asustado como estaba, Conrad se apresuró a hacer lo que le indicaban—. ¿Qué truco usaste? —sus ojos ya no estaban rojos—. ¿Quieres volverme loco? Debes ser un Devoto. Uno antiguo y poderoso, es la única respuesta, por eso tus ojos dan esa luz y no tienes deformidades visibles.

—No profeso devoción a Dios alguno, sigo solamente el camino de la virtud. Nuestro encuentro no ha sido fortuito. Estoy aquí para ayudarte, para mostrarte la senda así como se la mostré a Kendrik en su momento.

—Claro, soy el nuevo elegido del Sol —espetó el guerrero, al borde de la histeria, incapaz de contener la risa entre sus palabras—. Yo, el más humilde de los guerreros. Pudiste elegir una mentira más creíble —se sujetó la cabeza con las manos mientras hablaba, alzando cada vez más la voz—. Si realmente eres quien dices ser, buscarías enseñarle a Arthur el Perfecto, o a Callan el Inmortal, o Diane Kendrik, la portadora de la Espada del Amanecer. Ellos serían dignos sucesores del gran Kendrik. Si no los buscas es porque sabes que ellos descubrirían tus mentiras enseguida.

—Una vez más escuchas lo que deseas escuchar. No te dije que serías el próximo Kendrik. Aquellos a los que nombras, deben ser los héroes más notables que conoces. Por eso, enseñarle a ellos seria perder mi tiempo. Tal como dices, eres un humilde guerrero, y por eso te puedo enseñar —nuevamente, la presencia de Kendra, poco a poco, le transmitió su calma a Conrad—. Oh, pero es verdad que tienes potencial. Cualquier buen constructor sabe que es más fácil construir en terreno limpio, pues no hace falta invertir tiempo despejándolo. Incluso la más alta torre comienza en un puñado de tierra, y es más sencillo corregir errores en esas primeras etapas, que cuando ya la construcción es robusta, pero está emplazada sobre cimientos poco adecuados.

—Todo lo que dices puede sonar hermoso, pero en la práctica, ¿qué hacemos con los Devotos? ¿Pedirles que por favor lleven su guerra  de regreso al Bosque del Este? He escuchado historias de la Última Guerra contra Locura, y fueron esos que queman gente los que salvaron al Imperio. ¿Tú qué hacías mientras tanto?... Dormías. Puedes criticar todo lo que quieras, pero ellos lucharon mientras tú te ocultabas. Muchos de ellos dieron sus vidas para defender a sus seres queridos. Por eso te olvidaron, porque el mundo olvida a los cobardes.

—Cuando el trabajo ha sido terminado, hay que retirarse. Mi trabajo con Kendrik estaba listo. Si he despertado en esta época es porque, en este momento, puedo hacer una diferencia. Déjame mostrarte un camino distinto al del odio. Sólo escucha lo que tengo para enseñarte, no tienes nada que perder.

—¿Escucharte? Sólo dices incoherencias sin ningún tipo de respaldo. Suenan muy bien, y parece que crees tus propios cuentos, pero si nos remitimos a los hechos, lo único seguro es que descansabas en unas ruinas, por obra de quizás qué clase de hechicería, que tus ojos brillan, y que pudiste hacer esa ilusión con los míos —aunque la tranquilidad volviera a él, Conrad seguía molesto y asustado. Se sentía incapaz de confiar en la mujer que tenía enfrente.

—Eso no fue una ilusión, y en el fondo de tu corazón lo sabes.

—Entonces explícame. ¿Cómo pusiste mis ojos rojos? Pero dame una respuesta razonable, no quiero otro de tus cuentos.

—En este momento no entenderías si te lo explicase, no se puede explicar sólo con palabras, pero puedes pensarlo de esta manera: La comprensión que tengo del mundo, de Creación, me permite entender cómo funcionan las cosas sólo observando. Con más esfuerzo, puedo entender cosas sin observarlas directamente. Cuando comprendo cómo funciona algo, soy capaz de hacerlo. Tú mismo lo viste en acción, durante nuestra pequeña práctica. Si deseas entender a cabalidad cómo funciona, la única forma es que aprendas a hacerlo. Sólo la tranquilidad y la armonía asegurarán la comprensión correcta de todo lo que ocurre en el mundo.

—Si entiendo correctamente, ¿estás ofreciendo enseñarme a imitar las capacidades de otros? —finalmente, la curiosidad se sobrepuso al temor.

—Puedo enseñarte a ser sutil, esa es la base de todo. Se requiere de una larga explicación, para la que no estás preparado. Tienes que asimilar lo que ya te he dicho. Entiendo que no es algo fácil… y además, estoy cansada. Fue difícil acceder a ese conocimiento sin haber visto antes el actuar de un inquisidor. Por la mañana puedo darte todos los detalles que quieras, mientras seas capaz de comprenderlos. No pretendo esconderte la verdad, pero si quieres resolver tus dudas, debes hacerlo a mi manera. Te daré la información en el orden que estime más conveniente para ti, pues me parece que todo lo que has aprendido hoy, tan rápidamente, no resultó positivamente. Por hoy, debes tener algo claro: Lo que hice no fue un truco. Cualquier inquisidor sería capaz de hacerte algo parecido. Ahora es mejor descansar, y recuerda que te vencí armada solamente con un palo. Puedo irme si así lo deseo, pero di mi palabra, así que descansa con tranquilidad, no necesitas vigilarme.

—De todas formas pensaba hacerlo. Soy un buen rastreador, podría encontrarte fácilmente si te escapas —dijo Conrad, ya más calmado que antes, pero aún alerta.

Se tendió junto al fuego, cubriéndose con su capa. Las palabras de Kendra lo habían dejado confundido. Le era difícil retener tanta información, tantas posibles verdades, pero quería entenderlo todo. Quería recordar todo lo sucedido para futuras conversaciones. Se quedó largo rato repasando cada palabra intercambiada, mientras las brazas crujían y la noche se sumía en silencio, hasta que la fatiga y el sueño terminaron de alcanzarlo.

Por: Daniel L. Ruiz

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