Ruinas del Pasado

El puesto de exploración comenzaba a perderse de vista. Las primeras luces del amanecer presagiaban un buen día para avanzar. Era hora de recoger las cosas y retomar la marcha.

“Oh, la emoción de recorrer territorios desconocidos” pensaba el guerrero. “Es algo que no se puede describir. Saber que recorres senderos donde nadie ha estado antes… es una experiencia que no se puede transmitir, debe vivirse”.

Mientras caminaba por las montañas, entre la baja vegetación que ahí crecía, algo llamo su atención. Una pequeña elevación en el terreno, a no muchos metros de distancia. “Debo darle un vistazo… Demasiado regular para ser un accidente del terreno, demasiado bajo para ser un refugio, demasiada vegetación a su alrededor…”.

Al estar más cerca, confirmó sus sospechas. Se trataba de una extraña construcción enterrada en el suelo, camuflada casi completamente por la naturaleza a su alrededor. Una serie de signos en un lenguaje desconocido, grabados en el arco de un aparente umbral, despertaron la curiosidad del guerrero. “¿Un refugio? No, una tumba” pensó. “La entrada da más la impresión de ser una cripta, como las usadas en el Reino del Sol, pero muy diferente a las actuales. ¿Quién se tomaría la molestia de esconder una tumba en un lugar tan apartado?”.

Observó detenidamente el lugar, caminando alrededor de este. Las huellas del paso del tiempo se hacían cada vez más evidentes. Por más que buscó en su memoria, no pudo asociar los extraños signos a nada que conociera. “Debe ser un lenguaje antiguo. Debo ser la primera persona que llega a este lugar en décadas, quizás siglos… Seguramente la estructura está así de deteriorada por la acción del tiempo”.

Con algo de aceite, una rama firme que encontró, y una capa raída que llevaba entre sus cosas, armó una pequeña antorcha. “Puede ser un gran hallazgo” pensó al entrar, mas realmente no tenía idea de qué podría encontrarse.

Un oscuro sendero lo conducía a las profundidades mismas de Creación. Las lisas paredes eran prueba del esmero puesto en la construcción del lugar. La luz de la improvisada antorcha apenas alcanzaba para distinguir los escalones del suelo. La oscuridad casi podía palparse. Era una oscuridad antigua, tanto así que apenas se inmutaba por la tímida luz, e incluso parecía ignorarla voluntariamente.

Los peldaños llevaban al guerrero hacia las entrañas del mundo. A veces, en ciertas partes de los muros, cada tantos metros, lograba distinguir inscripciones similares a las de la entrada. No se parecían a nada que hubiese visto antes. “¿Serán indicaciones, o advertencias?”, se preguntaba. No había forma de saberlo, así que siguió avanzando en la única dirección que tenía: Hacia abajo.

Repentinamente, el camino se vio interrumpido por un muro. Al palparlo, el viajero notó que no tenía inscripciones… y también encontró lo que debía ser el marco de una puerta, o al menos una entrada. “Este acceso fue cerrado a conciencia” pensó. Continuar requirió de un gran esfuerzo. Con ayuda de su espada, embistiendo con los hombros repetidamente, y quitando bloque tras bloque de piedra hasta quedarse sin aliento, logró abrir una brecha.

“La intención de este muro está clara, que nada ni nadie pueda entrar” se dijo, pero enseguida una duda lo invadió. “… O tal vez que nada ni nadie pueda salir”. Casi se detuvo, mientras una voz en su cabeza le recordaba que aún podía regresar. “No” se respondió, alejando esos pensamientos. “Descubriré qué hay al otro lado, por algo entré en primer lugar”.

Cruzó la brecha hacia el otro lado.

Se encontró con lo que parecía un pequeño salón. Trozos del techo y las paredes complicaban el avance, haciendo al guerrero trastabillar y perder el equilibrio. Al parecer este lugar había sucumbido a la acción del tiempo. “Parece que en cualquier momento se derrumbará… espero que no lo haga” fue lo único que pensó mientras avanzaba difícilmente. Cada paso requería más esfuerzo que el anterior. Cada paso reducía más la ya débil luz, casi como si la oscuridad se burlara de la humilde antorcha. A cada paso escaseaba más el aire.

Pero logró alcanzar el otro extremo del salón, donde encontró lo que parecía un pasadizo angosto. Al interior de este, ya no distinguía inscripciones. “Puede que sea una buena señal… o que ya no haya un posible regreso”. Siguió avanzando, hasta que algo delante de él obstruyó su paso. Acercando su antorcha, vio lo que parecía una especie de sarcófago. No tenía decoraciones ni símbolos, sino tan solo una gruesa tapa de piedra pulida.

La oscuridad se volvió asfixiante. “Es todo, fin del camino, esto es lo que buscaba, es la razón por la que recorrí todo este camino, no tiene sentido llegar hasta aquí y no abrir esta cosa” pensó, decidido. Y eso hizo. El proceso fue lento. Casi no había espacio, y semejante cerradura requirió mucha fuerza para ser abierta… pero aún así, poco a poco, comenzó a ceder. El viajero comenzó a sudar frío, y su precaria fuente de luz finalmente dejó de luchar y se apagó, dando paso a la oscuridad absoluta.

Pero siguió empujando, hasta que el sonido le indicó que había logrado quitar la tapa. Esperó un momento… nada sucedió. Se inclinó hacia adelante, a palpar el interior del sarcófago. “No he llegado hasta aquí para irme con las manos vacías”. Sintió que todo lo que alcanzaba se volvía polvo. “¿Cuánto tiempo necesita algo para convertirse en polvo al contacto?” se preguntó. Fuera cual fuese la respuesta, no era razón para detenerse.

Repentinamente, algo sujetó su muñeca con fuerza. Le impedía el movimiento, lo lastimaba, su brazo se sentía encadenado, y aún tirando con ambas manos, no logró zafarse. El dolor aumentaba, haciendo al guerrero sentir que su hueso se partiría ante tanta presión.

Pero no pasó. En ese instante, una luz dorada envolvió todo el lugar. El dolor apenas lo dejaba distinguir algo, era tan agudo que ni siquiera notó cuánto cayó al suelo, ni tampoco cuando algo lo levantó, poniéndolo nuevamente de pie. Al recuperar un poco el sentido, en frente de sí, el viajero pudo ver el rostro de una mujer. Una mujer con ojos que brillaban como el sol, ojos que llenaban la habitación de luz y calidez. Una mujer ante cuya presencia, la oscuridad cedió.

—No debes… —fue lo único que llegó a decir ella antes de desmayarse dentro del sarcófago, liberando el brazo del hombre.

“Debo ayudarla” pensó él. No tenía razones para hacerlo, pero tampoco tenía otra opción. “Ella es la única razón por la que llegué hasta aquí”.

Valiéndose de la luz que escapaba de los ojos entrecerrados de la mujer, el guerrero hizo uso de todas sus fuerzas para llevarla a la superficie. “¿Quién es?” se preguntaba, “¿qué es este lugar? ¿Por qué sus ojos brillan así? Sólo he visto ese brillo en los ojos de los inquisidores y de algunos sacerdotes. ¿Qué es esta calidez que emana de ella?… Sólo puedo esperar que las respuestas valgan tanto esfuerzo”.

Una vez afuera, pudo analizar a la mujer en mayor detalle. Respiraba sin esfuerzo, dando la impresión de dormir. Su tez era blanca, y sus labios rojos. La envolvía una túnica, en cuyo acabado se apreciaban bellos detalles, a pesar de lo sucia que estaba. “Y por supuesto, el intenso brillo de sus ojos, que logró salvar la vida de ambos” pensó el guerrero. “Sólo he visto ese brillo en el campo de batalla, cuando los sacerdotes e inquisidores enfrentan a nuestros enemigos… pero no ha sido tan fuerte. Y los de ella, aunque está inconsciente, siguen brillando.”

Después de acomodar a la mujer en el suelo, el viajero se sentó a recuperar el aliento. “Está claro que no es una persona ordinaria… No puedo dejarme llevar, Locura actúa de muchas formas para engañar al ingenuo. Debería llevarla con los inquisidores, ellos sabrán bien qué hacer con ella, pero… ¿y si no es algo bueno? ¿Seré enjuiciado? Maldición, tal vez deba ir con los sacerdotes. Bergen podría darle un buen uso a su sabiduría y decidir qué hacer con ella”.

La adrenalina, que le había permitido salir junto a ella de aquel oscuro lugar, terminó por abandonar su cuerpo. Fue invadido por el hambre y el cansancio. Mientras ella continuara inconsciente, él no podía alejarse, así que decidió iniciar una fogata y comer algo. No importaba qué decisión tomase, el viaje que lo esperaba sería uno largo.

Al terminar de encender el fuego, comprobó el pulso de la mujer, que súbitamente abrió los ojos.

—Kendrik… debes llevarme con Kendrik —dijo, después de carraspear un poco, con voz amable, y casi en seguida, se incorporó sin mayor dificultad.

El desconcierto del guerrero aumentó, y su curiosidad lo animó a entablar conversación. Le acercó su odre de agua y ella bebió.

—¿Cuál Kendrik? —le preguntó. “Su respuesta podría ayudarme a esclarecer un poco las cosas”. Antes de responder, ella lo miró con sorpresa.

—¿Qué clase de paladín no conoce a Kendrik? —“¿Paladín? ¿Por qué piensa que soy un paladín?”.

—Disculpe, pero conozco a muchos Kendriks, son una familia importante y numerosa en nuestro Reino. Por otro lado, no soy un paladín —la expresión confusa de la mujer indicó que no esperaba esa respuesta.

—Si no eres un paladín —siguió ella, mirando más detenidamente al hombre—, ¿por qué utilizas esa armadura? ¿A caso eres un aprendiz? —suspiró—. De todas las personas que podrían haberme despertado, tuvo que ser un aprendiz —movió la cabeza de lado a lado, mirando a su interlocutor de manera curiosa, como un artesano observando una piedra en bruto—. Eres un poco mayor, y no parece que tengas muchas aptitudes, pero tu corazón está en el lugar correcto. Debí notarlo antes, creo que el sueño me afectó un poco…

“¿Qué clase de mujer es esta? Tiene ojos como los de los inquisidores y habla como un inquisidor, como si supiera cada error que he cometido… pero a diferencia de ellos, no me juzga, no me trata como si fuera una mala persona… sino más como a un niño. No se ve mayor que yo, y aún así irradia esa agradable calidez”.

—Señora… o señorita, tampoco soy un aprendiz de paladín. Soy un guerrero. Pertenezco al ejército del Reino del Sol. Nosotros apoyamos a los paladines en la protección del Reino ante amenazas externas. Pero no nos desviemos, antes me gustaría saber cómo dirigirme a usted. Creo que me lo he ganado… y por cierto, aún no me presento. Mi nombre es Conrad East.

—Puedes llamarme Kendra, la Olvidada —eso sorprendió al viajero. “¿Qué clase de persona es hace llamar ‘la Olvidada’?… Era obvio, la clase de persona que sacas de una tumba en unas ruinas perdidas y olvidadas en el tiempo”. Dejó salir un suspiro.

—Me decías que Kendrik tiene una gran familia —continuó ella, después de beber un poco más de agua, con rostro pensativo—, ¿puedes llevarme ante él? —Conrad la miró desconcertado.

—Kendra, creo que no me entiende, son muchos Kendriks. Es una casa muy importante en el Reino del Sol, es un nombre que intimida a nuestros enemigos en otros Reinos. Si me dice el nombre del Kendrik al que busca, podría ayudarla… —no lo dejó terminar.

—¿Otros Reinos? ¿Qué otros Reinos? Sólo hay un Reino, el Reino Único del Sol, y sus únicos enemigos son los seguidores del Dios Loco —sonaba descolocada, como si nada de lo que escuchaba le hiciera sentido.

En ese momento, el guerrero cayó en cuenta de que el problema en que estaba metido era mayor de lo que pensaba. “No es posible, nadie podría dormir tanto tiempo. Por el Justo Sol, esto debe ser obra de Locura”. Se puso de pie, y dio unos pasos hacia atrás. “Debo llevarla ante los inquisidores, ellos sabrán qué hacer… pero nadie me pidió que la sacara, el señor Arthur dirá que todo esto es mi culpa, que yo la desperté… ¿Y si es verdad? ¿Y si lo que sentí fue el llamado de Locura? ¿Y si los condené a todos con lo que he hecho?”.

Una mano se posó en su hombro.

—Tranquilízate —le dijo Kendra, y por alguna razón, él le hizo caso enseguida—. Si me llevas a la capital del Reino del Sol, y me pones al día en el camino, yo te contaré mi historia y te daré razones para que confíes en mí… —su estómago rugió en medio de sus palabras—… Pero en este momento, lo que realmente necesito es una buena comida, hace mucho tiempo que no como —de pronto se estaba riendo alegremente, apartando toda tensión del ambiente.

—Puedes comer esto mientras la comida termina de cocinarse —dijo el guerrero, aún tranquilo, pero no por eso menos sorprendido, arrojándole una manzana a la mujer. Ella la recibió y le dio un mordisco. En seguida su cara cambió, parecía la de una niña pequeña disfrutando de un dulce.

—Muchas gracias, está deliciosa —y siguió disfrutando de su manzana, como si de un refinado postre se tratase. Después de eso estuvo lista la comida. Una sopa ligera de verduras, acompañada de pan, y algo de carne seca que ella rechazó. “Por suerte aceptó el poco de queso que me quedaba” pensó él.

Mientras comían, Kendra habló sobre el Kendrik que buscaba. Según dio a entender, había sido su aprendiz. Ella formó parte de la gran guerra contra el Dios Loco, pero se retiró a permanecer en letargo al ver que sus esfuerzos por ayudar acababan mal, debido a la inmadurez de los humanos.

Conrad le explicó brevemente sobre los Reinos y las casas más importantes. Ella reconoció algunos de los nombres. Llamó la atención del guerrero que, al mencionar el nombre de los Hallselt, algo de disgusto se hizo notorio en ella. Al parecer no eran de su agrado, así que prefirió no ahondar en el tema.

“Por lo que me dice… todo parece indicar que el tiempo en que ella es necesaria ha llegado, y que yo estaba destinado a despertarla. ¿Quién soy yo para cuestionarla?”. Después de comer y descansar un poco, la mujer volvió a entablar conversación.

—Quiero pedirte otro favor. Necesito probar mis reflejos —dijo, mientras elongaba—. Me gustaría tener un combate de práctica contigo.

—¿Estás segura? No llevas ni medio día despierta, ¿y quieres trabar combate?

—Precisamente por eso quiero medir el estado de mi cuerpo, necesito saber de qué soy capaz en caso de que sea necesario. Al parecer, no traes otra espada —revisó entre las ramas que el guerrero había reunido para el fuego, y escogió una que se veía firme y tenía buen tamaño—. Esta servirá. Cuando estés listo.

Al principio, Conrad pensó que se burlaba de él. Cuando adoptó su postura para pelear, ella la imitó. “Es sorprendente lo fácil que le resulta” pensaba él, “su postura es perfecta”. El guerrero comenzó con una carga que ella esquivó con facilidad.

—No te contengas, pelea en serio —le dijo ella—, por algo yo tengo la rama y tú la espada.

“Me está provocando” se dijo el guerrero, “había pensado que contenerme sería cortés, considerando la situación, pero si quiere pelear en serio, le daré el gusto”. Su velocidad era algo de lo que el viajero siempre había estado orgulloso, así que decidió explotar esa ventaja. Pese a que peleaba muy en serio, ella era capaz de seguirle el ritmo, y para su disgusto, seguía imitando sus movimientos. “Es tan frustrante como los entrenamientos con mi maestro, me muestra cómo realmente debería hacerse, explota cada pequeño error que cometo”. Todo esto lo hizo perder los estribos, por lo que arremetió con todas sus fuerzas, decidido a ponerle fin al encuentro… eso fue lo último que recordaba cuando abrió los ojos, viendo el cielo del atardecer.

—Buenos movimientos, no lo haces nada mal —le dijo Kendra amablemente—. Nunca debes permitirte perder la calma en un combate. No sirve de mucho si sólo entrenas tu cuerpo, también debes entrenar tu corazón y tu mente. Nunca es tarde para seguir aprendiendo, aún se pueden corregir los malos hábitos que te han enseñado.

Le ofreció su mano a Conrad y le ayudó a incorporarse.

“No sé del todo quién es esta mujer, o si lo que dice es verdad… pero espero que lo sea. No me gustaría estar del lado contrario en una batalla”.

ysemeolvido

por: Daniel L. Ruizelloboconbarbanocomoeljotape

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