El Sol que brilla más fuerte

El día amaneció nublado, grisáceo. Un viento poco acogedor soplaba entre los adoquines de tan maravillosa ciudad. El dorado de cada muro, la perfección en cada detalle, simplemente una obra maestra construida para ser el centro del poder de toda Creación. En el palacio principal, pinturas de los mejores artistas de las familias componen un paseo asombroso, así como cada arboleda, cada pieza arquitectónica, la Ciudad Imperial es la muestra de las capacidades del hombre para gobernar por sobre todo.

Las tropas paladines tomaban el turno que les correspondía, el cambio de guardia era otro espectáculo que disfrutaban los habitantes del lugar. «Lo único bueno de que esos invasores estén» decían algunos, «Poco a poco nos sitian más y más» agregaban otros.

Un contingente de caballería de las fuerzas del Reino del Sol se aproximaba al centro cívico del territorio. Las órdenes fueron claras, se necesitaba más hombres para proteger el Palacio del Elegido, «Se están alzando» murmuraba la gente, «Ya no lo ocultan», se decía.

—No necesitamos más personas aquí —empezó un Guardián Imperial—. Su presencia no es más que una amenaza para nuestros habitantes.

—¿Una amenaza? —el eco dentro de la visera del casco de un guerrero montado del Reino del Sol hizo sonar más atemorizante su frase— Deberían agradecer que estemos protegiendo esta ciudad de peligros como el ya no tan diplomático Ciervo, o los vengativos Leones.

—Los reinos pierden demasiado al atacarnos, al romper los pactos con el Imperio.

El guerrero montado se desprendió de su yelmo, una piel oscurecida, cabellos y bigote castaños, y una mirada centrada asomaban del metal que le protegía.

—Solo los protegemos, nadie quiere que siga corriendo sangre —continuó Aldous Kendrik, que descendía ahora de su caballo.

—Si tanto nos quieren proteger, si es esa su intención, ¿no cree que es contraproducente arrebatarnos nuestras armas? —le increpó el Guardián.

—Que yo sepa, intento de guardia, todos los habitantes portan una Hoja del Fulgor Solar para defenderse si es necesario.

—¿Para defenderse? ¿Y nada tiene que ver que profanar ese símbolo del linaje Imperial les traería más problemas que su amenazante estancia aquí? Los habitantes de esta ciudad preferirían perder la vida antes que el Fulgor Solar, ustedes saben lo que significa, y saben las consecuencias de profanar tal símbolo.

La discusión atrajo algunas miradas, al parecer, desde el Firmamento también, las nubes empezaban a dispersarse... el cielo comenzaba a despejarse.

—Es cierto, profanan nuestras tierras —gritó un joven, acompañado de una preciosa dama.

—Seguro ustedes también creen que uno de su reino debe tomar lugar como Emperador —Agregó ella.

—El tiempo de los Bonham acabó, señor —dijo Aldous, calmado. Sus compañeros le miraron, estupefactos, pues esas declaraciones iban en contra del discurso de protección que todos los paladines estaban seguros de cumplir.

—Lacra del Reino del Sol, seguro cada mañana te alimentan con nuestros cereales, pan hecho con nuestros trigos, bebes leche de nuestras vacas. El Imperio nutre a todos los reinos que se alzan contra él, ¿No has oído que no hay que morder la mano que te da de comer?

Aldous simplemente dio media vuelta, como si no prestara atención a los dichos del joven Bonham.

—Ese Garnet quiere tomar el poder, ustedes están planeando un alzamiento, tejen una red de mentiras para así respaldar sus accio…

—¡Suficiente! —gritó Aldous, quien dio la vuelta, tomando el cuello de la camisa de quien lo increpaba— Usted, jovencito, no es nadie, seguro es uno más de los niños mimados de esta maldita ciudad. Si no quiere que lo protejamos, no lo haremos, pero si buscas tener un problema, te lo advierto, lo tendrás.

—Duro de palabras, fácil es hablar cubierto con armaduras y protegido por todos esos hombres —el miembro de la familia Bonham sacó su Hoja del Fulgor Solar y apuntando a Aldous con su filo exclamó— ¡Te reto! ¡Ven y pelea conmigo, intento de guerrero!

La mujer que le acompañaba le suplicaba que no se continuase con su afrenta, pero el honor de seguir sus palabras esta vez era más fuerte que la razón. Hizo todo lo posible para evitar que su pareja se involucrara en una pelea que no correspondía, pero los esfuerzos de la mujer fueron en vano.

Aldous por su parte no tenía más que su caballo y una lanza de caballería, eso no serviría para responder al duelo, a lo que se acercó a un miembro de la infantería de paladines y le solicitó sus armas, «debo defender el orgullo de nuestro Reino, y demostrarles que se equivocan», su compañero aceptó, y le entregó su espada corta.

Si bien los duelos estuvieron prohibidos durante la era de los últimos Emperadores, la gente ahora hacía vista gorda a la situación, lo concebían como una entretención más, «¿Nos exigirán mantener los duelos en la clandestinidad?» comentaban algunos, «No aceptaremos hacerlo a su modo, este es el Imperio» opinaban algunos otros. Solo observarían, incluso la Guardia Imperial estaba deseosa de ver tal evento.

Así partió todo, con el cielo despejándose, la luz del Justo Sol empezaba a bañar los dorados adornos de la Ciudad, el resplandor era majestuoso.

—¡Por el Concilio y su buen gobierno! —gritó el joven Bonham, para luego lanzar golpes con su espada. Aldous incrédulo, vio que el hombre tenía práctica con su hoja, es más, muchos cortes resultaron efectivos.

El paladín solo podía defenderse ante semejante ataque, con sus ojos abiertos de par en par al ver los movimientos ejemplares, rápidos y certeros del oponente.

—¡Amor mío, detente ahora que aún no es tarde! —rogaba la muchacha— ¡Piensa en nosotros!

Aldous no sabía manejar la espada tan bien como la lanza, pero eso no era un impedimento, una muy estudiada coreografía le permitía evadir gran parte de los cortes y golpes, responder le era difícil, mas logró en un par de ocasiones hacer contacto.

—¡Deténganse ya! —suplicaba la mujer.

Pero la lucha ya estaba más que avanzada, tanta era la confianza del miembro de la familia Imperial al ver los torpes movimientos de Aldous que empezó a repetir su patrón de combate, algo que no se debe hacer contra ninguna tropa de élite de Creación. Cuando iba a encestar un corte frontal contra Aldous, este simplemente se desvió a un lado, haciendo que el joven Bonham siguiera de largo por la sinergia de aquel osado movimiento hacia el frente, momento oportuno para atacar por la retaguardia, un golpe, un solo golpe atravesaría la débil cota del muchacho para hacer una herida que le imposibilitaría de continuar.

—¡Jaque Mate! —exclamó el paladín, viendo su espada teñirse de rojo. Un silencio general le hizo notar que algo andaba mal.

¿Habrá sido la luz radiante que emanaba la Ciudad que no logró ver bien? ¿Sería la adrenalina que no lo dejó racionalizar lo que pasaba? ¿Será una burla de los dioses?

Aldous cayó al piso, un arrepentimiento lo embargó, los ojos del paladín observaban atónitos la escena, simplemente su golpe no dio en el blanco… al menos no en el esperado. Su estrategia, empleada para inhabilitar al adversario, para solo dejarlo fuera de combate, se transformó en una muerte innecesaria.

La muchacha, novia de aquel joven que se atrevió a increparlo, saltó a la arena improvisada para ponerle un fin absoluto a lo que ocurría, sin esperar el golpe de Aldous, quien con su espada corta, y sin la protección de la cota de su amado, vio cómo cortaban sus finas telas y atravesaba su piel.

La sangre corría en el estómago de la mujer, cuyos ojos, buscando a su fiel compañero, se cerraron lentamente ante la pérdida de sangre.

Aldous estaba simplemente desconcertado, «Asesino» le gritaban, «¿Así dicen que vienen a defendernos?». El paladín movía los labios, sin poder emitir palabra alguna…

—perdón —Se oía un leve murmuro de Aldous, evidentemente confundido por lo ocurrido—, lo lam… lo lamen…

«Das asco», la gente seguía insultando al paladín, lanzándole toda clases de cosas. Sus compañeros nada podían hacer viendo el fulgor de la gente alzándose, aventando lo que tuviesen a su alcance. Todo mientras el joven trataba, sin resultado alguno, detener la hemorragia de la mujer. Con los ojos cubiertos de desolación e ira, el miembro de la familia Bonham le dijo a Aldous:

—Vete, ¡Vete de aquí! Jamás vinieron a protegernos, jamás fue esa su intención, pagarán… pagarán por levantarse así contra el Imperio.

—Ustedes ya no son el Imperio —empezó Aldous, cuyo rostro ya no expresaba arrepentimiento, sino odio, odio a la familia Imperial y el Concilio, odio a quienes mancharon su imagen—, son solo un montón de parásitos, de buitres de los viejos que reemplazaron al gran Elegido. Nosotros, los verdaderos seguidores de Kendrik, el Primero, hemos combatido en cada batalla que se nos ha llamado, mientras ustedes visten bonito y comen abundantemente sin preocuparse por nada. Son solo unos aparecidos, creados hace poco cual vástago de un imperio muerto.  Busquen desde ya tierras que los acojan, malditos Bonham, porque aquí en el nuevo Reino Único del Sol no los queremos cerca.

Alzando su espada manchada de sangre imperial, Aldous miró a los paladines que, formados y expectantes, se reunían detrás del él. Guardias Imperiales rodeaban al contingente paladín, apuntando con sus lanzas a los guerreros del Reino del Sol.

—¡Escúchenme bien, soldados! —Gritó con euforia Aldous— El Concilio debe reconocernos como el reino que tomará la corona. ¡Es momento de recuperar aquello que nos pertenece!.

por:BeConspirador

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